Las camisetas de la ira

El sesgo cognitivo que hace que una persona tienda a sobrevalorar sus capacidades, aptitudes o conocimientos tiene un nombre: efecto Dunning-Kruger. Esta superioridad ilusoria se da con mayor frecuencia entre aquellas personas que están menos cualificadas, mientras que los expertos tienden a infravalorar sus propias habilidades.

Por ejemplo, en el caso de la Justicia, se puede escuchar a un ciudadano español cualquiera, presumiblemente apoyado en una barra de bar, despachar y menospreciar en un par de frases lapidarias los meses de trabajo de varios jueces. Las pruebas, los testimonios, las sentencias, los conceptos jurídicos, la jurisprudencia, todo ello es irrelevante. La postura está elegida y no hay lugar para el escepticismo.

La crisis catalana ha dinamitado la aparente estabilidad política española. La polarización es la norma y, si ya por defecto la duda, la reflexión o los protocolos y procedimientos son elementos que estorban, ahora la situación es más volátil.

El sábado 21 de abril se enfrentaban el Barcelona y el Sevilla por la final de la Copa del Rey en el estadio Wanda Metropolitano en Madrid. En el primer cordón de seguridad del recinto, los cuerpos de seguridad requisaron 199 camisetas amarillas de una parte de la hinchada del equipo azulgrana. Estas camisetas pretendían mostrar apoyo hacia los políticos catalanes presos.

Sin entrar en consideraciones de ningún tipo, bien podría tratarse de un caso flagrante de socavamiento de la libertad de expresión. Hasta que la policía anuncia que esas 199 camisetas pertenecían a aficionados del Barça que pretendían acceder con ellas a la zona del Wanda Metropolitano destinada a la hinchada contraria, y alega que el contenido y la simbología de las camisetas podría haber aumentado el riesgo de que se produjera violencia en el recinto, en un partido que ya de por sí era electrizante.

En el artículo 6 de la “Ley 19/2007 contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte”, en el apartado 1.b), se establece que queda prohibido “introducir, exhibir o elaborar pancartas, banderas, símbolos u otras señales con mensajes que inciten a la violencia”.

En el artículo 18 de la “Ley Orgánica 4/2015 de protección de la seguridad ciudadana”, se establece lo siguiente: “Los agentes de la autoridad podrán practicar las comprobaciones en las personas, bienes y vehículos que sean necesarias para impedir que en las vías, lugares y establecimientos públicos se porten o utilicen ilegalmente armas, explosivos, sustancias peligrosas u otros objetos, instrumentos o medios que generen un riesgo potencialmente grave para las personas, susceptibles de ser utilizados para la comisión de un delito o alterar la seguridad ciudadana, cuando tengan indicios de su eventual presencia en dichos lugares, procediendo, en su caso, a su intervención”.

Además, el club catalán establece en el artículo 6 de sus “Reglas básicas del Estadio del FC Barcelona” que los espectadores tienen prohibido, entre otras cosas, traer al estadio “artículos políticos de cualquier tipo”, como “pancartas, carteles o símbolos”.

Todo esto choca frontalmente con la libertad de expresión, como es lógico. Pero cabría considerar si no es preferible salvaguardar la seguridad física y vital de los espectadores antes que su derecho a expresarse políticamente. Por otra parte, también habría que preguntarse si las leyes antes expuestas se imponen con la misma eficiencia cuando los mensajes políticos sean de algún otro tipo.

Y, por último, volviendo al cuadro de Ciudadano Español en Barra de Bar, debería plantearse la cuestión de por qué los medios de comunicación informan de una manera tan tendenciosa y poco equilibrada sobre asuntos relacionados con el Derecho. El sesgo cognitivo del español de a pie no debería ser un elemento a explotar para el beneficio, sino el objetivo a erradicar con información clara y sencilla. Si no, se alimenta el monstruo de la desconfianza en las instituciones, se ejercen presiones sobre jueces (incluso por parte de ministros de Justicia maquiavélicos) y, en definitiva, se tambalea la civilización. Y es entonces cuando se cuelan entre las grietas aquellos que proliferan en el caos.


Ensayo redactado para la asignatura ‘Derecho de la información’ en el tercer curso del Grado en Periodismo de la UCM (13 mayo 2018)

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